Canal de Tauste:

Los orígenes de esta importante obra hidráulica aragonesa se remontan a 1252, año en el que el rey Teobaldo I otorga la concesión para sacar aguas del Ebro a los vecinos de Buñuel y Cabanillas, junto con la Orden de San Juan de Jerusalén. Tres siglos más tarde, en 1529, estas localidades a se servían de agua para el riego, configurando desde entonces una de las obras con mayor repercusión en la sociedad, al transformar en cultivo de regadío una importante extensión de tierras de secano como es la comprendida entre Remolinos y Tudela.

Pese a que sus primitivos orígenes se remontan a 1252, es en 1504 cuando se inician las obras de la Acequia del Ebro, siendo uno de los primeros canales de Europa. Tanto su titánica construcción como su posterior mantenimiento, agravado por numerosos factores externos, fueron financiados por la población de la zona con préstamos colectivos “a censo” sobre una base de renta de senaco aragonés. Ello supuso una notable repercusión económica en la zona que quedó reflejada en un sustancial abandono del Canal.

En 1781 pasa a manos de la Corona encargándole a Ramón Pignatelli, reconocido ilustrado de la época y autor de la obra del Canal Imperial de Aragón, la labor de rehacerlo casi por completo, ampliando notablemente su capacidad y mejorando su trazado. Una vez regulado su funcionamiento, Isabel II devolvió la Acequia a los regantes en 1848, aprobándose un año después el “Reglamento del Sindicato de Riegos de la Acequia de Tauste”.

Actualmente, gracias a las labores de señalización y acondicionamiento de las Rutas del Agua de Tauste podemos disfrutar de esta magna obra y de algunas de sus construcciones asociadas, como el Molino de Tauste, el Acueducto de “Las Trabas” o diversas almenaras repartidas a lo largo de toda su extensión.